TOMA DE CONTACTO

La siguieron hasta la cubierta. Todo el humo y las casas habían desaparecido y el barco se encontraba en un amplio espacio de mar muy fresco y limpio, aunque pálido a la luz del amanecer. Habían dejado a Londres sentado sobre su barro. Una delgadísima línea de sombra se estrechaba en el horizonte, apenas lo suficientemente gruesa para soportar el peso de París que, sin embargo, descansaba sobre ella. Estaban libres de caminos, libres de la humanidad y el mismo regocijo por su libertad los recorría a todos.

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